Arrancamos el año con señales claras: 2026 no va a ser un año tranquilo en ciberseguridad.
Los primeros días de enero dejaron incidentes concretos que, más allá del sector o la industria afectada, tienen un punto en común: el impacto directo sobre las identidades digitales.
No se trata solo de sistemas comprometidos o datos expuestos. En la mayoría de los casos, las identidades fueron el medio, el objetivo o ambas cosas al mismo tiempo.
Lo que estuvo sucediendo en los primeros días de enero
Compromisos en terceros y cadena de suministro
Durante enero se detectaron accesos no autorizados a entornos de desarrollo, testing y proveedores externos, originados principalmente por:
- Credenciales con privilegios excesivos
- Falta de separación clara entre ambientes
- Identidades compartidas o sin control de uso
Cuando una identidad de un tercero es comprometida, el atacante hereda automáticamente el nivel de acceso que esa identidad tenía, ampliando el impacto mucho más allá de un solo sistema.
El resultado: una identidad válida operando como puerta de entrada legítima, difícil de distinguir de un usuario real si no hay visibilidad adecuada.
Brechas de datos en grandes organizaciones
En varios casos, la exposición de información sensible de clientes no se produjo por exploits complejos, sino por fallas en los controles de acceso asociados a identidades.
Los patrones observados fueron:
- Permisos mal configurados
- Identidades con acceso innecesario a información crítica
- Falta de monitoreo sobre comportamientos anómalos
Cuando una identidad accede a datos que no debería, el problema deja de ser técnico y pasa a ser un riesgo directo para la privacidad, la confianza y la reputación de la organización.
Hackeo a una institución educativa
Otro de los incidentes relevantes de enero fue el ataque a una institución educativa, que derivó en:
- Filtración de correos electrónicos
- Exposición de documentación interna
- Accesos prolongados sin detección temprana
En este tipo de entornos, las identidades suelen ser numerosas, heterogéneas y con ciclos de vida poco controlados (estudiantes, docentes, personal externo).
Cuando una identidad es comprometida y no se detecta a tiempo, el atacante puede moverse lateralmente durante semanas sin levantar alertas claras.
Fraude por suplantación e identidad
Enero también mostró un crecimiento sostenido de fraudes basados en suplantación, especialmente:
- Casos de Business Email Compromise (BEC)
- Validaciones fraudulentas
- Uso de audio falso para simular identidades reales
Estos ataques no buscan vulnerar sistemas, sino engañar personas utilizando identidades creíbles, lo que los vuelve particularmente difíciles de prevenir sin procesos de verificación sólidos.
Datos clave que dejó enero
Al analizar los incidentes del mes, surgen conclusiones claras:
- Ataques mayormente dirigidos, no masivos
- Uso de credenciales legítimas como principal vector
- Respuesta tardía en la mayoría de los casos
- Baja visibilidad sobre el comportamiento de las identidades
En la práctica, muchas organizaciones detectaron los incidentes cuando la identidad ya había sido utilizada para acceder, moverse y extraer información.
Mirando hacia 2026
Los incidentes de enero no son una excepción, sino un anticipo.
Todo indica que durante 2026 veremos más ataques silenciosos, personalizados y basados en identidades reales.
La diferencia no va a estar en si una organización es atacada, sino en:
- Qué tan rápido detecta un uso anómalo de una identidad
- Qué tan bien entiende quién accede a qué
- Qué tan preparada está para cortar accesos antes de que el daño escale
Porque si algo dejó claro este inicio de año es que cuando una identidad cae, el impacto ya no es solo técnico: es operativo, legal y reputacional.

